viernes, 1 de junio de 2007

Eveningstar - Compilación #1

11 de Eleint, Año de la Magia Salvaje (1372 DR), Anochecer.
Eveningstar, Reino de Cormyr.

La luna brillaba entre las nubes y una fresca brisa anunciaba la próxima llegada del otoño. Después de "derrotar" a los Zhentarim que habían invadido las Haunted Halls (bueno, en realidad unas extrañas gárgolas negras hicieron casi todo el trabajo), y haber recibido su justa recompensa (nada más y nada menos que un cofre con 10 Lágrimas de Laeral), Arianna, Jorem y Belmara dirigíanse a La Jarra Solitaria (Jorem y Belmara a pie, Arianna a caballo), cuando, de improviso, tres de las estatuillas de oro que cargaban retornaron a sus formas originales: Rufus, Thorik y Falrinn. Ya acostumbrados a ello, se limitaron a ver a su alrededor, notando que no había nadie a la vista. Evidentemente Eveningstar aún no se terminaba de recuperar de la guerra de hace un año, de lo contrario ya habrían al menos dos dragones púrpura en el "lugar de los hechos".
Rufus estrujó sus ojos con sus puños, incorporándose del suelo.
- Esto ya no me está gustando - dijo en un tono de voz a mitad de camino entre molestia y molestia fingida.
Reconoció a sus compañeros, Thorik y Fallrin, agradeciendo no estar solo con el cargamento de estatuillas doradas, y de pronto se sorprendió de ver a un montón de gente grande. Gente desconocida.
- Ahora me gusta mucho menos. Resulta que uno se acuesta a dormir en una torre de una mazmorra, luego de una entretenida lucha con muertos vivientes y almas perdidas en una antigua morada de enanos, y luego de un parpadeo se encuentra que está en el medio de un camino, con un montón de gente-grande-salida-de-la-nada... - dijo en tono jocoso, para luego agregar - ¡Si tan solo hubiesen esperado que durmiera para hacerme esto!"
Se incorporó por completo, sacudió el polvo de sus ropas, confirmó la presencia de su libro de hechizos, y se presentó a su desconocida audiencia con un lacónico "Hola. Soy Rufus".
Thorik, con el desparpajo típico de él y la confusión que siempre lo embargaba cada vez que lo transformaban en estatuilla (se estaba aburriendo, a decir verdad), apenas tomó conciencia miró a su alrededor. Ya conocía las caras de Rufus, Falrinn y Jorem, pero dos caras lo hicieron reaccionar. Una, desconocida totalmente para él, y la de su hermana, a la cual no veía desde hacía semanas, quizás meses.
- "¡Hermana! - exclamó - ¡Benditos sean los ojos que te ven! Por fin nos encontramos otra vez. - Acto seguido, la abrazó.
- Ejem... conozco a estos tres, - señaló a Rufus, Falrinn y Jorem - pero esta cara es nueva. - miró hacia Arianna - ¿Quién es usted y qué hace con nosotros? - El rostro de Thorik denotaba bastante curiosidad.
- ¡Parece que no soy el único desubicado aquí!" - dijo Rufus sonriendo y mirando al desarreglado enano de reojo.
- Me parece una construcción interesante... esa... "qué hace usted con nosotros?" Mmm... - continuó, pensativo - Normalmente esa es la forma de preguntar a un ladrón quien porta una de nuestras pertenencias. Supongo que nosotros nos pertenecemos a nosotros mismos. - razonó el ex-bibliotecario halfling.
- Por ello me sumo a la pregunta de mi compañero Thorik. - concluyó al fin, mirando con "carácter" hacia las dos gentes grandes, ocultando su hombro derecho detrás del corpulento enano, como quien no quiere la cosa, mientras repasaba mentalmente su hechizo de tela de araña (y recordaba que de todas formas sería inútil en el lugar en el que se encontraban).
Arianna, a decir verdad, un poco sorprendida debido a tan misteriosa transformación (y preguntándose por qué sería que la misma sucedía), le respondió a Thorik, mientras le sonreía de una forma acogedora como quien le sonríe a un niño que hace una pregunta insegura.
- Mi nombre es Arianna Dundragon, y estoy aquí acompañándolos en nombre del Señor de la Mañana, un placer conocerlo, ¿Cómo prefiere que lo llame? - Y, manteniendo la sonrisa en el rostro, siguió cabalgando.
- Thorik Stoneshield, - dijo Thorik escuetamente mientras alargaba la mano - "hermano de Belmara aquí presente. ¿Quién es ese Señor que usted menciona?" - Respondió a la sonrisa con un leve asentimiento.
Belmara, que por fin veía algo razonable (su hermano abrazándola) desde que se unió a este grupo, le devolvió el abrazo a su hermano, y hubiese deseado quedarse así un poco más (a pesar de lo sucio que éste estaba), si no fuera porque su hermano se separó de improviso y, sin más ni más, empezó a hablar con las otras personas.
- Vaya hermano me gasto yo, y eso que me tenía preocupada. - dijo en voz alta.
- ¿Pues qué me podía pasar ahí dormidito como estaba, hermana? - respondió Thorik. - Para nada te preocupas. En fin, a ver, ¿qué pasó? ¿Alguien ofrece una explicación?
Al ver que Arianna seguía su camino, así, sin más ni más, como si nada especial hubiese ocurrido (y eso que el hedor de su hermano ya empezaba a sentirse con fuerza), Belmara se rascó la cabeza (o al menos lo intentó, considerando que todavía llevaba el casco puesto) por un instante, y luego le dijo en voz alta:
- Oye, Arianna, ¿cómo puedes seguir cabalgando como si nada hubiese pasado? ¡Ea! ¡Detente!
Arianna detuvo su caballo. Mientras se repetía las palabras de Belmara acerca de lo maloliente y sucio que estaba su hermano. Pero, claro, por educación esas cosas había que soportarlas: La etiqueta va por delante. Luego de pensar eso le sonrió muy amablemente a Thorik de nuevo y a Belmara también. Y dijo:
- El Señor de la Mañana, es una de las formas a la que llamamos a mi Señor Lathander, a quien orgullosamente sirvo.
Percatándose de pronto de la presencia del despreocupado halfling, se volteó a saludarlo:
- Un placer, Rufus. Como ya le he dicho a vuestro amigo Thorik, mi nombre es Arianna Dundragon.
Thorik miró a Arianna de nuevo y respondió a su explicación previa:
- Interesante ese Señor. ¿Así que ahora hacemos trabajitos a nombre de él? Quisiera revisar el contrato.
Al escuchar aquello, Belmara le dio un codazo a su hermano, y dijo:
- Si serás bruto, hermanito. ¿No te das cuenta que ella es una clérigo? Allí está el símbolo, ¿no ves? El sol y todo eso. Cómo se nota que no le hiciste caso a las clases de religión.
- ¡Ajá! ¡Maldito, termina de morir!, ¿pero qué...? - dijo Falrrin sienténdose un poco ridículo al ver que el arco descrito por su bastarda sesgaba solo el viento. Un pedazo de cuello, que alguna vez perteneció a algún pobre zhentarim, caía de la espada acompañado de una línea de sangre, dándole un toque carmesí al noble temple de la espada.
- Mmm... Así no funciona... Lo de la sangre le da un toque dramático, pero no si tiene trozos de carne, el público no se enamora de carniceros. - pensó Fallrin.
Súbitamente, sacó uno por uno los pañuelos que tenia bajo los brazaletes. "¿Rebecca...? No, muy bonita. ¿Luisa...? Mmm... Luisa..." - pensó por un tiempo el hombrecito en las habilidades y la flexibilidad de aquella - "¡Qué va! Esta se queda. ¡Ah! ¡Ya sé! Tamara: Esa sí que fue un desperdicio." Con la misma gracia de un gato Falrrin tomó el pañuelo que le entregó Tamara y empezó a limpiar la espada mientras se acercaba a Jorem.
- Oye, hombre, supongo que ganamos por el hecho de que estemos vivos, pero ¿qué pasó en específico? - Dijo Fallrin a Jorem mientras se deshacía de forma desinteresada del ahora sucio pañuelo.
"En fin, siempre estuvo algo tostado." - pensó Thorik. - Cierto, cierto, compadre: ¿Qué pasó? Explíqueme." - Dijo en voz alta.
Rufus miró expectante por escuchar las historias que pronto habrían de ser contadas.
Jorem, al ver que las estatuas se transformaban en algunos conocidos, (otra vez), se sintió cansado y a la vez aliviado de la rutina. "Bueno, por lo menos conozco a varios esta vez." - pensó - "Pero, un momento, ¿quién es ese que esta allí y se dice llamar Rufus? Primera vez que lo veo." En ese momento salió del trance con la pregunta del gnomo.
- Bueno, pues sí, ganamos. Realmente le pateamos duro a esos zentharin, zentarin o como se llamen. Nos dieron una dura pelea pero al final los eliminamos. Por cierto, será mejor que nos pongamos en marcha, que estoy cansado y quiero entrar a un buen cuarto con una buena cama. - Luego, mirando al resto del grupo - A aquellos que no me conocen, soy Jorem Atmal. Mucho gusto. Ahora deberíamos buscar un lugar dónde descansar.
Después de una pausa, en la que se dedicó a observar a la figura montada en el caballo, prosiguió, sonriendo:
- Ah, por cierto, Falrrin. Nos encontramos con unas gargolitas que destriparon a unos cuantos zentarines y los dejaron como puré, y también creo que una de ellas le dio una paliza a la mujer que va con el caballo. Creo que eso es todo. - Sabía que eso iba a despertar una gran cantidad de preguntas y dudas.
- Así que eso fue lo que pasó - dijo Thorik - Y tú, Belmara, divirtiéndote de lo lindo y ni me avisas cuando se prende una pelea.
Con actitud enfurruñada cruzó los brazos, aunque con una expresión medio divertida hacia su hermana. - Ahora que lo pienso, mi estómago me está hablando en dracónico. ¿Hay algún sitio donde podamos darle combustible? ¡Por Haela, que tengo la garganta seca! - rió en una carcajada un poco grosera.
- Justamente nos dirigíamos a una taberna para comer y beber, cuando aparecieron ustedes. - respondió Belmara.
- Compañeros aventureros. Entiendo su apuro por comida y bebida, pero si vamos a arriesgar nuestras vidas juntos me parece que lo mejor que podemos hacer es que cada uno conozca a los que no les resulten conocidos - dijo Fallrin en un tono vehemente, de forma clara y fuerte, con el donaire de aquel que esta acostumbrado a ser escuchado.
Luego de una pausa teatral prosiguió - De especial importancia que por lo menos yo los conozca, no porque sea su líder sino porque seré el que inmortalizará nuestras obras y les aseguro que sin nombre no hay reconocimiento. - Una sonrisa maliciosa plasmóse en su cara.
- Empezaré yo para que no se diga nada. - Acto seguido, el jovial gnomo saludó y se presentó a cada uno de los desconocidos, saludando a su viejo compañero Rufus con un abrazo de codos y un fuerte abrazo; luego saludó a la dama enana con una gentil reverencia que pudo haber salido del más refinado cortesano de Waterdeep.
- En la Jarra Solitaria seguro encontrarás una buena pata de cerdo y una jarra de cerveza para ti, mi desaseado amigo - dijo Fallrin frunciendo el ceño de forma exagerada ante el tradicional mal olor del enano - ¡Y para todos nosotros, muchachos. Así que dirijámonos allá a paso ligero y espíritu ascendente que después de todo somos héroes regresando en procesión triunfal!
Luego de unos segundos de caminata se acerco a Jorem y le dijo en voz baja: - ¿Alguna vez viste algo así como esas gárgolas? No me parecieron normales. - "Claro está que normal es una palabra relativa cuando se habla de gárgolas", pensó Fallrin.
- Mmm... Quizás alguna historia hable de ellas, tendría que pensar al respecto. - Dijo más para sí mismo que para Jorem. Nada le vino a la mente... ese vacío de cinco años en su memoria estaban empezando a volverse un problema.
Metido en sus propias cavilaciones al respecto, siguió caminando hacia la taberna.
Uno se metía en sus cavilaciones, mientras otro salía de ellas, preguntando con su característico y sencillo acento halfling: - Bueno... eso de "espíritu ascendente" me sonó medio macabro, mí estimado amigo. Yo prefiero tener mi espíritu conmigo aquí cerquita. De cualquier otra forma no me parecería muy normal que digamos. Por cierto... hablando de cosas normales, creo que entenderán que es normal que les pregunte algunas cosillas... como dónde estamos, a dónde vamos, y qué vamos a hacer luego de descansar... - Rufus finalizó su frase y aceleró un poco su andar de pequeños pasos al percatarse de que en su lenguarada se había quedado un poquitín atrás. Sin embargo, nadie parecía escucharlo.
"Si hay gente, hay problemas" pensó Jorem mientras seguía caminando, siempre manteniendo un especial cuidado de los alrededores. Realmente tenía que tomarse algo y descansar. Sobre todo descansar. En eso escuchó lo que le decía el gnomo.
Jorem pensó un momento antes de contestar, hasta que por fin respondió:
- Bueno, lo de normales con las gárgolas es difícil. Tal vez son otra raza o creaciones mágicas o simplemente animales extremadamente feos que se parecen a esos bichos de piedra... - y luego, pensando en voz baja abstraídamente, agregó - Un momento: Las gárgolas son de piedra.
- ¿Fallrin? ¿Las gárgolas no son "normalmente" de piedra? Las que yo conocía lo eran, y estas sangran y además comen.
- Maese Jorem, - dijo Rufus entrometiéndose "ágilmente" en la conversación - normalmente se habla de gárgolas, inclusive en las antiguas escrituras en las que he tenido el honor de husme... eh... investigar, refiriéndose a criaturas de piedra encantadas, con formas que generalmente se confunden con el ornamento del sitio, cuyas "órdenes" son atacar a intrusos, y todo eso. Tú sabes. - Rufus miró a Jorem con cara de quien habla de algo muy obvio.
- Evidentemente no tendría sentido que sangraran, y en ninguna de las historias y gárgolas que he visto y escuchado... eh... digo... escuchado y visto, muchos han logrado destruirlas confirmando que están simplemente hechas del mismo material que se usa para construir, aunque posiblemente algunas tienen alguna joya o artefacto incrustado que les permiten ciertas habilidades extra. - Rufus se detuvo pensativo y continuó - Bueno, no sé tanto acerca de que si sangran o no algunas gárgolas, pero no creo que sea algo muy común de ver o escuchar.
Rufus nuevamente se adelantó un poco al grupo de aventureros, ya que hablar de temas inspiradores y caminar rápido no eran cosas que se le dieran mucho al ex-bibliotecario.
Luego de bostezar una vez más y pensar un poquito, dijo con voz de chisme y misterio:
- Pero sí he escuchado algunas extrañas historias... que hablan sobre cierto nuevo tipo de gárgolas que andan rondando por allí... - miró a sus compañeros con expresión de drama y seriedad - "gárgolas negras", les llaman... y se dice que suelen atacar capillas y cosas así. No sé si sangran o comen cosas o animales. Dicen que llegan de improviso, matan a los clérigos, laicos y todo aquel que no haya corrido suficientemente rápido, y luego se van. Al menos a los clérigos, laicos y transeúntes no se los comen. A lo mejor tienen otra dieta. O a lo mejor no comen. No sé qué pasa cuando las matan, porque, que yo sepa - y aquí hizo un silencio solemne - nadie ha podido matar ninguna para constatarlo. Algo sí me parece sospechoso, y es que sus números parecen aumentar. No sé si hay magos dedicados a hacerlas, que entrenan más magos para ayudarles a aumentar la velocidad con que las hacen, o si es que estas gárgolas... ponen huevos, o se casan y tienen hijos, o en concubinato o por medio de harenes... o... bien... ustedes
entienden lo que quiero decir, ¿no? - preguntó Rufus, de repente un poco sonrojado, tras lo que aceleró de nuevo sus pasitos para alcanzar al grupo.
Al escuchar que le dirigían la palabra, Jorem se volteó y observó al halfling que se
encontraba hablando. "Vaya que mientras más pequeños más habladores" pensó mientras esperaba que terminara.
- Estás muy bien informado, Rufus, sobre lo de las gárgolas. Me pregunto si eres algún tipo de sabio o simplemente te gusta ser chismoso. De todas formas ambas habilidades son muy útiles en estos momentos - dijo Jorem mientras sonreía un poco, lo que le preocupó ya que no sonreía tanto desde hacía mucho tiempo.
- Maese Jorem, - dijo Rufus un tantito indignado - si soy sabio o no, en todo caso no me correspondería a mí decirlo. Supongo que todos sabemos un poco más de algunas cosas, y un poco menos de otras. El chisme cotidiano no me atrae, sin embargo siempre me he visto atraído por lo relacionado con la magia y la aventura. Comparto la información siempre y cuando no haga daño a nadie... sin necesidad. Sucede que he tratado de aprender algo sobre magia, y trabajé mucho tiempo como bibliotecario en una biblioteca de magos, allá cerca de mis tierras, y bueno... ser bibliotecario y no ser curioso de los libros, es un verdadero desperdicio, usted comprenderá... Grande fue la carcajada de Fallrin al escuchar a Rufus.
- Sí, es verdad... Jorem, Rufus no es chismoso, el chismoso soy yo - dijo Fallrin terminando con una breve carcajada para no molestar a sus compañeros. El resto del grupo nunca podría saber la verdad de esta expresión al no poder participar en ninguna de las reuniones de bardos.
- Para tu registro - prosiguió Jorem - sí hemos logrado matar una o dos y por dentro tienen las tripas igual que otros animales: Rojas y desagradables - dijo en un tono sombrío. Recordaba que sí, es verdad que sangran, pero son un enemigo muy peligroso.
- Capaz de ser muy sigiloso en la oscuridad - Dijo en voz baja para sí mismo y recordó aquel encuentro en la noche cuando se percató que una los observaba mientras dormían. La piel se le erizó al recordar.
- Entonces creo que en verdad deberíamos pensar en alguna nueva clase de animal, posiblemente creado mediante magia, en particular de la escuelas de transmutación y encantamiento - dijo Rufus, agregando luego con preocupación - Mala cosa.... mala cosa.
- Quizás sí, quizás no. Por ahora preocúpate más por no quedar retrasado, que luego no te prometo que puedas llenar ese hueco transdimensional que ustedes los halflings llaman estómago - dijo Fallrin mientras esbozaba una media sonrisa.
Nada más se dijo hasta que llegaron a la taberna.